Cuando se levantó, miró por la ventana y vio como el agua caía sobre la terraza. Salió todavía en pijama y descalza. Le gustaba pisar los charcos de agua recién caída y quedarse quieta bajo la lluvia un par de minutos.
Sentía como las gotas de agua atravesaban la ropa, y llegaban hasta su piel todavía caliente del sueño. Cerraba los ojos y escuchaba la melodia del agua sobre el suelo, sobre las hojas de los árboles y sobre su cuerpo.

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